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A la hora de escribir este artículo, sabía que tenía algo dentro que contar pero no sabía muy bien el qué. Quería escribir sobre como ve la sociedad, nuestro entorno, la actividad de hacer pesas en el gimnasio. Para ello, como buena persona analítica y poco improvisadora me dispongo a recoger información entre mis libros adquiridos en el pasado, una nueva bibliografía que adquirir para prepararme y documentales que me hagan expandir mi visión del mundo. El resultado no es muy bueno que digamos, solo encuentro los siguientes tipos de libros y documentales: Culturismo del tipo Arnold Schwarzenegger, uso y abuso de esteroides, libros de psicología sobre la vigorexia, más libros de musculación con rutinas interminables e imposibles para el común de los mortales, etc. Ninguna referencia a personas sanas que van a hacer pesas por deporte y salud. Con todo este panorama no me extrañan ciertas cosas que pasan en mi vida cotidiana…

Y es que me gusta hacer pesas, así de simple. Algo tan corriente como jugar al fútbol y que no es percibido como tal por la sociedad. Cuando gente de mi entorno o familiares se enteran de que voy al gimnasio y sigo una alimentación en base a ello no tardan en aparecer los típicos comentarios:

  • “Estás obsesionado”
  • “Ten cuidado con lo que te venden en el gim”
  • “Comer tanta proteína es malísimo para el riñón”
  • “¿Para qué quieres tanto músculo?”
  • “¿No te estarás metiendo algo que no debes?”

Además de los pensamientos que no llegan a decirte de las personas que van al gimnasio:

  • “Es gente que necesita mejorar su autoestima”
  • “Es gente que no se encuentra a gusto con su cuerpo”
  • “Es gente inculta que se preocupa solo por su físico y no por su inteligencia”
  • “Es gente que no le importa meterse cualquier sustancia en el cuerpo con el fin de ganar músculo”

Y así un largo etc. Casi se ha convertido en una actividad para adolescentes enfermos con problemas de autoestima. Aun así a mí me encanta hacer pesas.

Estoy de acuerdo de que hay algo en la cultura de las pesas que está podrido. Hay algo que la sociedad debe cambiar en la manera en la que ve los gimnasios pero, ¿como hacerlo? De qué manera enfocar esta situación para que el común de las personas no huya de hacer pesas como si de una enfermedad se tratase y pueda aprovecharse de sus beneficios en salud y calidad de vida, además de aficionarse a una actividad física que engancha cuando se hace de manera inteligente, ordenada y correcta.

Voy a intentar exponer algunos de los problemas que existen actualmente en los gimnasios para poder encontrar soluciones o metodologías a seguir para que hacer pesas no siga siendo una actividad con tan mala fama.

La figura del musculitos

Quién no ha ido al gimnasio y se ha encontrado con tan famoso personaje. El típico ciclado que está todos los días entrenando con sus particulares formas de llamar la atención:

  • Cuando está haciendo un ejercicio grita como si estuviese levantando 100 kg en cada repetición y realmente lleva una mancuerna de 5 kg para hacer bíceps.
  • Al finalizar una serie lanza las mancuernas o la barra al suelo intentando hacer el mayor ruido posible.
  • Se permite el lujo de dar consejos a todo el mundo sobre entrenamiento pero cuando te ve levantando más peso que él siendo más delgado, te aconseja bajarle los kg al ejercicio porque te vas a hacer daño.
  • En definitiva intenta llamar la atención de cualquier modo igual que lo hace un niño pequeño cuando llora para que sus papas le hagan caso.

Es evidente que una persona normal que vaya por primera vez al gimnasio se pregunte: ¿Si sigo haciendo pesas me convertiré en un tipo como este? Y por si acaso y con razón, no vuelva a pisar nunca más el gim o se pase a la competencia: el “spinning”.

Bromas aparte, para que este miedo no llegue a pasar por tu mente, veremos que enfermedad puede afectar o preocupar a las personas que pisan el gim y sus factores de riesgo:

La vigorexia

La vigorexia es un problema psicológico actual provocado por la sociedad. Y digo actual porque cuando vivíamos en las cavernas no teníamos ese problema. ¿Qué es lo que hace la sociedad para fomentar este tipo de enfermedad?

La clave está en el instinto primario del hombre de ser aceptado por la sociedad. Actualmente existe un canon de belleza muy similar a la Grecia clásica antigua, donde los artistas y filósofos de la época afirmaban que la perfección física era lo más semejante a un dios. La definición de cuerpo perfecto se estableció a través de sistemas de proporcionalidad que en el caso de Grecia tomó como referencia la longitud de la cabeza humana, dando lugar al denominado “canon”. El “kanon” de la belleza ideal masculina del escultor Policleto estaba basado en proporciones matemáticas: una medida para la cabeza, tres cabezas para el tronco y tres cabezas para las piernas, formando un total de siete cabezas.

Actualmente se refuerza este concepto más si cabe gracias a los medios de comunicación que dota de mucha importancia a la juventud respecto al cuerpo, destacando pectorales y abdominales marcados, como en el cine, donde es habitual ver a los actores con el torso desnudo, hecho impensable en el Hollywood de los años sesenta, setenta y ochenta cuando se abusaba de la camiseta en las tomas más “provocativas”. Esta misma situación se aprecia en los juguetes infantiles cada vez más musculados.

Los héroes y mitos actuales son deportistas, modelos y actores musculosos que simbolizan el consumo y lo efímero de nuestra existencia. La garantía de éxito y poder viene reflejado en estos modelos musculosos y son inalcanzables sin el empleo de sustancias dopantes. Pero esto último es lo que omiten: el dopaje.

Además en la actual sociedad se admira mucho al héroe hipermusculado de las películas que sin embargo es el culturista de gimnasio de toda la vida, que utiliza sustancias anabólicas y que además niega por todos los medios que lo haga. Quien no tenga mucha experiencia en el mundo de la musculación puede pensar que ese físico solo se consigue a base de esfuerzo y dieta, todo lo contrario, es un engaño para el deportista mismo y para la gente que los admira. Porque sí, hay gente que a pesar de todo los admira.

¿Cómo podemos admirar a alguien que basa su vida deportiva al consumo de fármacos? ¿Qué además no es capaz de admitir que los consume y que gracias a ellos no hubiese podido conseguir su físico? Existe tal “ley del silencio” entre esta gente que cuando tienen un fallo renal o hepático le echan la culpa al consumo de proteína antes que a lo que se pinchan, de ahí que este tipo de molécula esencial para la vida sea la gran culpable del mayor de los males en la sociedad. Me hizo mucha gracia una entrevista en YouTube de un varias veces campeón de “Mister Olímpia” donde una persona le preguntó que a qué edad había comenzado a consumir esteroides. La contestación de este “atleta” fue: “¿Esteroides? Nunca”. Provocando con ello el estallido en carcajadas de todo el público. ¿Cómo podemos admirar a unas personas que no son capaces de reconocer sus propias acciones y que se avergüenzan de ellas mismas al no decir abiertamente lo que son? A mí sinceramente no me provocan ni el mas mínimo respeto.

Así una persona bombardeada por los medios de comunicación piensa que estas personas son lo normal, que su propio físico está por debajo de la media y que si quiere satisfacer su instinto primario y necesario de ser aceptado por la sociedad, debe ponerse manos a la obra irremediablemente, si no será repudiado por el común de los mortales y su vida será un fracaso absoluto.

Ante este panorama es fácil volverse vigoréxico, ¿no? Pues no te asustes todavía. La vigorexia fue descrita por Harrison Pope en 1993 con las siguientes características:

  • Distorsión de la imagen corporal: percepción irreal de un cuerpo insuficientemente musculado.
  • Baja autoestima.
  • Práctica deportiva excesiva: independientemente de que las condiciones climatológicas sean adversas y de sufrir molestias o indisposición, con una meta centrada exclusivamente en el culto al cuerpo y no en el rendimiento físico o en una meta deportiva. Dedicación de una media de cinco horas diarias al desarrollo de la musculatura.
  • Abandono de compromisos sociales y laborales.
  • Comprobación compulsiva del peso (adicción a la báscula).
  • Tendencia progresiva a la medicación: consumo descontrolado de anabolizantes, esteroides y complejos vitamínicos.
  • Dieta hiperproteica (hasta 4.500 kcal diarias cuando lo normal serían 2.500 kcal).

Sabiendo estos datos ya puedes ir al gimnasio sin problemas de volverte loco o algo parecido. Y si te ves identificado en todos los puntos que están aquí descritos entonces sí de verdad empieza a preocuparte y acude a un profesional.

Necesidad de un cambio

Creo sinceramente que en los gimnasios actuales debe haber un cambio de mentalidad. Creo que no debería asociarse la idea de hacer pesas con la idea del culturista de toda la vida. Creo que esta opinión se ha ido formando poco a poco y que también poco a poco debe empezar a cambiar.

Culpa de ello la tienen los propios gimnasios, más preocupados en sacar beneficio económico que en dar un servicio eficiente y enfocado a la consecución de los objetivos y metas de sus propios clientes. No es de lógica que las personas que vayan allí hagan más caso al musculitos de turno que al propio monitor, al que solo ven cuando les hacen su primera tabla, después de ver que no le funciona no vuelven a consultarle o simplemente dejan de ir. El resultado estoy cansado de verlo en todas las salas de musculación, siempre vacías la mayor parte del año y llenas de gente los meses previos al verano o como mucho en enero, como promesa de año nuevo. La tasa de abandono es enorme.

Existe por tanto una necesidad de cambio y no me refiero a un cambio en el marketing publicitario. Me refiero a que en las salas de musculación el monitor debe estar perfectamente preparado para establecer y poder conseguir una serie de objetivos e iniciar a las personas en una rutina deportiva que se extienda a lo largo del tiempo. Para ello se pueden proponer muchos cambios, como por ejemplo:

  • Seguimiento del plan de entrenamiento. ¿Realmente funcionan? ¿Cómo lo mido?.
  • Establecimiento de objetivos deportivos y fácilmente medibles por el usuario para saber si estamos mejorando. ¿Estoy más fuerte cada vez que voy al gimnasio? ¿Levanto más peso cada día?
  • Adaptar las rutinas a las necesidades de la gente. No puede ser que una persona sedentaria tenga una rutina de entrenamiento igual que el último campeón de culturismo porque esto le hará sobreentrenarse, no conseguir los resultados que él espera y que abandone la actividad.
  • Crear escuela. Me refiero a enseñar a la gente a realizar bien los ejercicios, a medir su propia fuerza para saber que están mejorando, a adquirir los conocimientos necesarios para su propio progreso, etc.

También añadiría unos consejos básicos sobre alimentación para conseguir óptimos resultados. Separar nutrición de actividad física creo que es un grave error. Educar a la gente sobre lo beneficioso de una buena alimentación puede ser la diferencia entre conseguir los resultados que se quieren o fracasar en el intento. El monitor de gimnasio debería estar preparado para dar unas pautas alimentarias porque su actividad física así lo requiere. Además subrayar que la alimentación moderna está suponiendo un verdadero problema para todas las personas.

La antigua nutrición basada en el recuento de calorías está desfasada. Pasar hambre para bajar de peso es un grave error y así lo demuestran los innumerables casos de personas que abandonan la dieta por ser un verdadero suplicio. Se debería empezar a hacer caso a las dietas basadas en una alimentación ancestral (como por ejemplo la paleo), las basadas en nuestros ritmos hormonales (dieta evolutiva) o cualquier otra que demuestre verdaderos resultados prácticos y no simplemente teóricos como venimos siendo acostumbrados. Hay que perder el miedo a salirse de lo establecido por la sociedad porque estamos viendo que no funciona. La dieta mediterránea y la introducción de los cereales y leche en nuestra alimentación, ha hecho perder a las personas la capacidad de escuchar a su propio cuerpo y saber que tipo de alimento necesita a cada momento. Esto es verdaderamente importante. Con la introducción de alimentos que no estamos preparados para procesar, el cuerpo se vuelve loco y sencillamente las hormonas de la saciedad no se activan como deberían, provocando numerosos casos de sobrepeso y enfermedades relacionadas. Un cuerpo sano sabe en cada momento lo que necesita y no es necesario pasar hambre ni restricciones para mantenerse en su peso y con una salud de hierro. Esto quiere decir que si el cuerpo necesita proteína te pedirá comer carne o pescado por ejemplo, si necesita hidratos de carbono te pedirá fruta y lo mismo con las grasas. No hacer caso a estas pautas y seguir con la más que demostradamente ineficaz dieta mediterránea hará no conseguir resultados a nivel deportivo y de salud a muchísima gente, con su posterior frustración y abandono de la actividad física.

En definitiva, se debe perseguir que el usuario consiga los resultados que se propone y que cada mes renueve su tabla de entrenamiento porque quiere más de lo mismo. Y no simplemente atraer a la gente por el marketing y la necesidad de una actividad nueva y revolucionaria que al final sigue sin conseguir los resultados que se demandan.

Según mi opinión, ir al gimnasio debería empezar a verse como un deporte. Tener una referencia con la que poder medir tus resultados y saber si todavía eres un principiante con mucho camino por recorrer o un deportista avanzado. Enfocar los resultados en base al rendimiento y no a la estética. ¿Y si en vez de sacar bíceps en el espejo, nos midiéramos la fuerza con una repetición máxima y una ejecución técnica perfecta? Creo que si se enfocase la cultura del gimnasio en base a estos parámetros la gente se engancharía más, empezaría a verlo como un deporte y no como un medio para quitar la falta de autoestima. Además se conseguiría indirectamente el aumento de masa muscular y la reducción de grasa que es lo que la gente quiere pero sin enfocar los objetivos específicamente sobre ello.

Y es que en base a mi experiencia es lo que realmente engancha. Ir cada día al gimnasio con el objetivo de mejorar mi rendimiento levantando más kilogramos en cada ejercicio y hacerlo, es un subidón enorme. Es una gratificación instantánea cada día que voy al gimnasio. Es por ello que en mi mente tengo asociada la palabra “gimnasio” a “deporte”. ¿Y tú? ¿Lo ves igual?

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