La palabra cambio se usa mucho en la política y en la publicidad, es muy influyente, pero a mi particularmente no es la que más me gusta, pues suele estar asociada a cambios drásticos. A menudo lo que necesitamos no es un cambio, sino otra cosa…

Cuando nos sentimos agobiados porque las cosas no nos van como deseamos, podemos gritar internamente: ¡NECESITO UN CAMBIO!. Y eso es muy bueno, en el cambio existe una gran motivación y pasión. Nos inunda de entusiasmo y nuevos sueños. Pero cuidado, porque veo a mucha gente que no entiende lo que es cambiar. Se coge las maletas, vende el Ferrari, lo deja todo atrás y se va vete tu a saber donde a buscarse la vida. Y a mi me gusta mucho la aventura, pero, ¿hace falta ser tan drásticos? ¿Hace falta obsesionarnos con esa idea?.

Muchas veces incluso esos cambios son completamente superficiales, sentimos tensión e intentamos disiparla mediante el consumo o un cambio de imagen. Como si un cambio de look resolviera todos nuestros problemas emocionales. Como si un coche nuevo nos fuese a dar la autoestima que necesitamos.

Pero a veces nos sentimos tan agobiados que no sabemos que hacer, solo sabemos que no queremos seguir así y que vamos a hacer lo que sea para que cambie. Perdemos la conciencia por completo y nos dejamos llevar por las emociones. ¿El destino? Pues puede ser muy bueno o muy malo. Te la juegas. Y a lo mejor con unos pequeños cambios era suficiente.

Si cambias la forma en que miras las cosas, las cosas a las que miras cambian.

Wayne Dyer.

Cambiar no significa dejar de ser quienes somos y empezar a ser otra persona diferente. No significa empezar a imitar a otras personas que consideremos exitosas, o hacer cosas que no entendemos. El que cambia es el que adopta una política de crecimiento continuo en diversos ámbitos concretos en los que desea cambiar. Eso es lo que hace que acabemos mirando las cosas de un modo diferente. La palabra es ¡CRECIMIENTO!, no cambio. Pues crecimiento implica constancia en los cambios e ir paso a paso, mientras que cuando alguien dice ¡necesito un cambio!, se apresura, empieza a correr, y tras no conseguir el cambio que quiere (Roma no se construyó en dos días), el fuerte entusiasmo que sentía al principio se convierte en frustración.

Por otra parte, lo que algunos hacen no es cambio, es una revolución sin sentido que les acaba acarreando resultados inesperados que a veces son muy buenos, y otras muy malos. ¡Cambio si!, pero desde la vía del crecimiento, de forma paulatina y gradual. ¡Cambio si!, pero ahora, todos los días, en el momento presente, a cada momento. Mediante pequeños pasos diarios.

En todo momento estamos cambiando, centrémonos en que esos cambio nos permitan crecer como personas, y que no se queden en simples arrebatos que la mayoría de las veces lo único que nos acarean son frustraciones.


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David Jungle

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