Hola chicos y chicas, hoy hablaremos acerca del rechazo y cómo podremos hacer frente a éste de una manera sana, natural y positiva.

 

Yo: […] Dame tu teléfono.

Ella: No puedo. Tengo novio.

Yo: Ok, tú te lo pierdes, adiós.

 

¿Qué es el rechazo? Antes de aventurarnos en cómo combatirlo, diremos que el rechazo es relativo,es decir, no hay rechazo si nosotros no lo entendemos como tal, refiriéndonos a una interacción en la que dos personas se rechazan pero siguen charlando animadamente. Todo depende de cómo nos afecten estas pequeñas piedras en el camino.


Nuestra prioridad, entonces, será fortalecer nuestra percepción interna del rechazo para que éste no nos suponga mayor problema en los avances con una persona. Después de ello nos encargaremos de combatir las adversidades y nos daremos cuenta de que a veces éste, simplemente, se trata de un Stop más en la carretera que tenemos que seguir para avanzar con esa persona.

Por tanto, para combatir el rechazo dividiremos nuestras opciones en base a la percepción interna y la actuación externa.

Percepción interna

Como he dicho antes, el rechazo es relativo. Mejor dicho, la INFLUENCIA del rechazo sobre nosotros es relativa. Os explico por qué. El rechazo puede afectarnos en mayor o menor medida según:

1. Nuestro estado de ánimo: Como personas que somos, tenemos derecho a deprimirnos, a sentirnos mal, a querer quedarnos un día en la cama sin hacer nada, a llorar con una desgracia y a reír con una alegría. Amigos, somos humanos, dejémonos de paranoias y movidas que nos hacen querer parecer superhéroes. Porque no lo somos.

Si estamos mentalizándonos en aparentar algo que no somos, al final nos frustraremos y ante el rechazo le echaremos toda la culpa a la persona que tenemos delante. El primer paso para fortalecer nuestra percepción interna contra el rechazo es reconocer que, como humanos, somos débiles.

2. Nuestras creencias: Puede que nos creamos el premio, puede que “hagamos como si lo fuéramos hasta que lo fuésemos”. Pero señores, ser el premio no es ser superior a otro en una interacción. No es aspirar a conseguir a alguien. No es “si tú no me aceptas, tú te lo pierdes”. Creyendo eso sólo conseguiremos frustrarnos ante cualquier rechazo y, en consecuencia, quedarnos estancados y desarrollar una personalidad basada en una mentira.

En la seducción, el premio es lo que vamos a COMPARTIR las DOS personas; es la unión de dos personas desconocidas en sexo, relación estable o cualquier tipo de relación. Pensar que somos el premio viene bien para sentirnos superiores en momentos determinados cuando estamos de bajón, pero basar nuestra personalidad en eso es un error. Yo siempre pongo una metáfora:

 

“La seducción no son dos personas tirando de la cuerda hasta arrastrar al otro. Es convencer e ir soltando cuerda hasta que ambos nos juntamos”.

 

Toda persona debería saber que en las interacciones se producen pequeños “Stops” a los avances que intentamos como justificación a ciertas disonancias. Lo cierto y real es que si una persona te pone un límite, pero sigue queriendo conocerte, quizá debas optar por caminos diferentes para saltarte ese “Stop”.

Siendo esto así, ¿cómo podemos enfadarnos? ¿Cómo podemos sentirnos mal? Simplemente lo tomaremos como algo natural del proceso y no lo tomaremos como algo personal.

 

Actuación externa

Una vez explicado cómo nos debería influir el rechazo, pasaremos a cómo mostrarnos ante él. Nuestra reacción siempre estará en congruencia con nuestro estado de ánimo y nuestras creencias. Por ello, gestionaremos el rechazo mediante:

1. Nuestros recursos: En función del rechazo que recibamos, serán nuestros recursos para gestionarlo lo que nos hará superar esa pequeña prueba y ponernos a los dos más cerca de nuestro premio común. Esto se conseguirá con aptitudes o características como la asertividad o la empatía.

Si una chica no nos quiere dar su teléfono seamos observadores. Observemos la interacción a ver qué información nos ha dado ¿Viene con sus amigas? ¿Está su novio en otra parte de la sala? Igual están sus hermanos vigilándola, o sus padres, o un regimiento de OVNIs. Detectemos pues, en qué hemos podido fallar o por qué nos ha rechazado y tomemos otro camino. Igual esta chica es la de nuestros sueños…o igual queremos follárnosla, lo que sea, ella no sabe todavía que va a pasar. ¿Vamos a dejar que por unas cuantas palabras eso no pase?

 

Disponemos de una serie de herramientas ligüísticas asertivas y empáticas que, usándolas correctamente con la actitud adecuada irán corrigiendo su rechazo y su conducta progresivamente hasta llegar a nuestro encuentro. Son recursos de comunicación que harán más fácil el avance y darán al rechazo el papel que se merece, que es trivial en el supuesto de que no sea un rechazo definitivo.

Así pues, según los recursos que tengamos, el rechazo será sólo un paso más en nuestro avance o el fin definitivo de una interacción que podría haber llegado a más.

2. Nuestras acciones: Este apartado lo reservo para hablar de un concepto muy extendido en círculos sectarios que es la no reactividad. La no reactividad no es, como muchos piensan, quedarnos impasibles ante cualquier actitud que la otra persona muestre. Ser fríos como el témpano o no enfadarnos ante determinadas actitudes que ella muestre por ejemplo, en una reacción estable. En los foros leo consultas como: “He pensado mandarla a la mierda. ¿Esto es reactivo?” Pues sí, además de ser un maleducado, es reactivo.

La no reactividad, bien entendida, es no dejarnos llevar por nuestras emociones negativas extremas. Ante el rechazo es mejor tomar una actitud asertiva que ponga de manifiesto nuestras intenciones de una manera educada, sincera y no pasiva o agresiva. Pongamos un ejemplo:

 

Yo: Dame tu teléfono para vernos otro día.

Ella: (No percibe justificado el interés) No creo que sea buena idea darte mi teléfono.

Yo: (Actitud reactiva) ¿Pero tú quién te has creído que eres? Estoy aquí una hora hablando contigo y no me das el teléfono. Tú te lo pierdes, creída.

 

Esta es una reacción terriblemente reactiva y de mal gusto, pero creo que se entiende bien. Ante esta misma situación, si nos tomamos el rechazo como un paso más:

 

Yo: Dame tu teléfono para vernos otro día.

Ella: (No percibe justificado el interés) No creo que sea buena idea darte mi teléfono.

Yo: (Actitud no reactiva) Verás, Eva, creo que no me has entendido. (Con una sonrisa) Quiero tu teléfono porque me ha fascinado tu capacidad para conmoverme y ponerme nervioso y quiero descubrir si eres capaz de provocarme esto delante de una cerveza. Además, creo que si mañana por la mañana nos despertamos sabiendo que no tenemos medios para contactarnos nos sentiríamos muy desilusionados.

Ella: Anda, apunta, golfo…675….

 

¿Apreciáis la diferencia? Ella simplemente no percibía nuestro avance como algo legítimo. Utilizando la empatía y la afirmación de nuestras intenciones hemos cambiado su conducta.

Así pues, ante el rechazo no debemos enfadarnos ni interrumpir la interacción. Podemos hacer que el rechazo sea transitorio (créditos a Egoland) en base la actitud que mostremos ante lo que nos ha dicho. Nuestra actitud debe ser la de una persona valiosa, con experiencia y que sabe afrontar las situaciones en base a su complejidad.

En resumen, seremos gente que experimenta sus emociones y se alegra de reír, llorar, disfrutar, estar de bajón…unas personas que VIVEN sus emociones y que no se las dan de algo que no son. Personas que entienden que el rechazo es parte de la seducción y que no nos venimos abajo por cualquier rechazo menor. Que tenemos los recursos necesarios para darle la vuelta al rechazo y que no reaccionamos negativamente ante él.

Bueno chicos y chicas, hasta aquí otro artículo. Espero que la próxima vez que os digan “no”, sepáis transformarlo en un “sí”. Abrazoss!!!