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Olvidaos del Red Bull, Monsters, vitaminas, alimentación, etc. Nuestro gran combustible no es ni más ni menos que la motivación.

Hace un par de años leí en un libro una historia que desde entonces nunca he olvidado y siempre he tenido presente. El libro se trata de “La universidad del éxito” del autor “Og Mandino”, a mi entender uno de los mejores escritores de autoayuda, libro que sin duda recomiendo y que te servirá para incrementar tu motivación. En este artículo nos apoyaremos en esa historia para entender el gran poder de la motivación, y así en próximos artículos estudiar cómo podemos  fomentarla y aprender a auto-motivarnos.

Un chico del equipo de fútbol americano de la universidad era un vago de primera, un holgazán en toda regla. Le encantaba escuchar las aclamaciones, pero no dejarse la piel en el campo. Le gustaba vestir el equipo, pero no la práctica. No le gustaba sudar la camiseta.

Un día, los jugadores estaban corriendo las cincuenta vueltas al campo de todos los días, y este vago sus cinco habituales, cuando apareció el entrenador y le dijo:

– Eh, chico, acaban de traer un telegrama para ti.
El chico le respondió:
– Léamelo, entreandor.
Era tan vago que ni siquiera le gustaba leer.
El entrenador le leyó el telegrama:
– Querido hijo, tu padre ha muerto. Vuelve a casa inmediatamente. -El entrenador tragó saliva-. Tómate el resto de la semana libre – añadió.

Por él podía tomarse libre el resto de la temporada:
La cuestión es que llegó el partido del viernes, el equipo salió al campo y, maravilla de las maravillas, el último jugar en salir fue el holgazán. En cuanto comenzó el partido, el chico comenzó a dar la lata:

– Entrenador, ¿hoy puedo jugar? ¿Me dejará jugar?

El entrenador pensó: “chico hoy no jugarás. Este es el gran partido. Necesitamos a todos los tipos buenos de verdad, y tú no eres uno de ellos”
Cada vez que el entrenador se giraba, el chico insistía:

–  Entrenador, por favor, déjeme jugar. Entrenador, tengo que jugar.

El primer cuarto acabó con el marcador en contra de la vieja alma máter. Cuando concluyó la media parte, el entrenador los reunió a todos en el vestuario para arengarlos.

– Venga, muchachos, salga y zúrrenlos. Todavía queda mucho partido. ¡Ganen el partido! ¡Háganlo por su viejo entrenador!

El equipo se lanzó al terreno de juego y continuó sin dar pie con bola. El entrenador, rezongando por lo bajo, comenzó a escribir la renuncia. Entonces, apareció otra vez el chico.

– ¡Entrenador, entrenador, por favor, déjeme jugar!

El entrenador echó un vistazo al marcador

– De acuerdo, chico, adelante. Ya no puede ser peor.

En cuanto el chico salió al campo, el equipo se convirtió en otro. El muchacho corrió, dio pases, bloqueó, esquivó como una estrella. La electricidad se transmitió al equipo. El resultado comenzó a igualarse. En los últimos segundos del partido, el chico interceptó un pase y corrió como una flecha para marcar el tanto de la victoria.
El público se volvió loco. El delirio más completo. El equipo cargó a hombros a su héroe. Nunca se había escuchado tantas aclamaciones. Por fin, cuando las cosas se serenaron un poco, el entrenador se acercó al chico, y le preguntó:

– Nunca había visto nada parecido. ¿Se puede saber qué te dio?
Él le dijo:
– Entrenador, usted sabe que mi padre murió la semana pasada.
– Sí, Te leí el telegrama.
– Pues verá, entrenador, mi padre era ciego y hoy es el primer día que me veía jugar.

Cómo veis la motivación sí mueve montañas. Y es que casos reales como éste hay muchísimos que demuestran de lo que es capaz una persona con motivación.

¡Good Life!

Sobre El Autor

Escribo e imparto cursos sobre desarrollo personal desde el año 2012. Mis ramas de actuación son la comunicación, la seducción, la inteligencia emocional y la meditación. Soy Graduado en Marketing y Administración, y actualmente estudio diseño de moda. Mi sueño es seguir mejorando mi vida día a día mientras intento influir en otros para mejorar la suya. Más en mi web: http://bravejungle.com

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