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Cuando deseamos a un persona y ésta nos rechaza o sólo nos quiere como amigos, puede pasar a convertirse en una obsesión que provoca que nuestra mente nos engañe y haga que la valoremos más de lo que en realidad la valoraríamos siendo plenamente racionales.

¡LA VEMOS CON UNA VENDA EN LOS OJOS! ¡ÁBRELOS! ¡QUÍTATE LA VENDA!

Si alcanza lo que desea, mengua el deseo con la pasión de la cosa deseada, y quizá, abriéndose entonces los ojos del entendimiento, se vee ser bien que se aborrezca lo que antes se adoraba.

Miguel de Cervantes (Extracto, La Gitanilla)

Los deseos negados incrementan su valor

Nos ocurre como al niño pequeño al que se le niega la pelota. Finalmente su padre le da la pelota para que se calle y el niño la acaba mandando a hacer puñetas. En realidad la pelota no le interesaba lo más mínimo, sólo le interesaba psicológicamente. Solo le interesaba satisfacer su deseo de posesión de aquello que se le negaba y así poder satisfacer su ego.

Pero la posesión no es amor. En mi experiencia personal, he acabado teniendo relaciones con chicas con las que tiempo atrás había estado obsesionado, y tras “conquistarlas” empecé a verlas como realmente eran y me di cuenta que no me gustaban tanto como creía.

La obsesión amorosa, si es que se le puede llamar amor, altera nuestras percepciones. Lo que probablemente no nos parecería una reacción atractiva, a través de los ojos de la obsesión se transforma en algo bello.

Esta es la parte negativa de los deseos negados, y es que nuestras apreciaciones nos engañan y podemos acabar sufriendo toda clase de frustraciones, o peor todavía, acabar enamorados de una persona que quizá no lo merezca y acabar dándonos cuenta de ello demasiado tarde.

Cómo usar los deseos negados

¿Cómo podemos usar este conocimiento a nuestro favor? Pues tenemos dos, la preventiva y la jugadora.

Preventiva

Consiste en aprovechar este conocimiento para reflexionar, hacernos preguntas, o visualizar la situación imaginándola como si la viéramos desde el exterior procurando no identificarnos con las emociones. Así podemos conseguir identificar si nuestras percepciones están más o menos distorsionadas y acercarlas hacia una realidad más objetiva.

Jugadora

En este caso tratamos de interferir en las percepciones de la otra persona. Es decir, le damos la vuelta a la tortilla y pasamos a ser nosotros los que ponemos los límites al deseo. Veamos como funciona…

Para poner límites al deseo tiene que existir algo de deseo, ¿es obvio verdad? A más de un espabiladillo he visto diciéndole a una chica que solo quería ser su amigo con estas intenciones, cuando la chica no tenía ni el más mínimo interés.

Pretender que negarle a una chica o a un chico la posibilidad de tener algo más con nosotros haga aumentar su deseo, cuando no hay deseo, no es poner límites al deseo, es hacer el tonto. Lo único que estás diciendo es que no te enteras de la película. Vamos, que pasa de tu cara y lo más triste es que no alcanzas a verlo.

Pero no seamos tan crueles. En temas de seducción hay muchos truquitos, técnicas, métodos y demás “fuentes de información” que están mal explicadas. Mi consejo es que no hagas nada que no esté justificado a nivel psicológico y que no esté basado en tu propia observación. Que alguien te diga que le ha funcionado no significa que a ti te funcione, cada situación y persona con la que tratamos en un mundo por descubrir, y las variables emocionales son muchas y fluctúan a cada momento. ¡Usemos la observación y la inteligencia señores y señoritas!

Un ejemplo que yo usé muchas veces durante mis largos años de soltería consistía en que cuando veía que una chica estaba interesada en mí, pero al intentar besarla me hacía la cobra, le proponía un trato:

–Vamos a hacer una cosa. Como acabo de intentar besarte y veo que no he tenido mucho éxito (Sentido del humor), vamos a hacer un trato. Prohibido besarnos esta noche.
– Jajaja, vale, acepto el trato –Me dice dándome la mano.

Aquí sí estamos incrementando el deseo mediante la prohibición. Le negamos que vaya a haber algo que no tiene del todo claro. Firmamos un trato de que no podemos hacer eso, y además nos damos un apretón de manos (hay que hacerlo visual).

¿Pero acaso a las personas no nos gusta ser libres? ¿Acaso nos gusta cumplir las normas y evitar dejarnos llevar por lo que deseamos? Pues no, nos gusta ser libres. Además también nos gusta la aventura y un poquito de riesgo de vez en cuando, por tanto el deseo se incrementa fruto de estos estímulos emocionales que genera la negación de lo deseado. Además, las películas siempre han jugado mucho con eso de los amores imposibles o el “oohhhh, ¡no deberíamos!”

La mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella.

Oscar Wilde

Es todo por hoy, si te ha gustado, comparte, comenta, o mándame un billete premiado de la lotería que no me importa ir a cobrarlo por ti, yo te hago el favor.

¡Hasta la próxima!

David Jungle

Sobre El Autor

Escribo e imparto cursos sobre desarrollo personal desde el año 2012. Mis ramas de actuación son la comunicación, la seducción, la inteligencia emocional y la meditación. Soy Graduado en Marketing y Administración, y actualmente estudio diseño de moda. Mi sueño es seguir mejorando mi vida día a día mientras intento influir en otros para mejorar la suya. Más en mi web: http://bravejungle.com

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