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Ya lo dijo Benjamin Franklin: No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Sin embargo, por mucho que nuestros padres insistan en este consejo, a menudo solemos escaparnos de su influencia. Pero, ¿hay que dejar para mañana las ilusiones que tenemos hoy? ¿Nos sale gratis posponer la realización de esas acciones que nos llevarán a nuestros sueños del mañana? 

Recuerdo cuando leí en el afamado y motivador libro de Og MandinoEl vendedor más grande del mundo” la siguiente frase: El mañana solo existe en el calendario de los necios.

Mañana es el día en el que vas a trabajar con más motivación. Mañana es el día en el empezarás a leer ese libro que compraste hace unos días. Mañana será cuando consigas el ascenso que buscas. Mañana hablarás con tu jefe para plantearle y hacerle valorar tus ideas. Mañana serás más divertido, más sociable, más enérgico, más inteligente, mejor marido (o mujer) y mejor amante. ¡Si! Y de comer, ¡un pavo!

Así funciona la postergación:
Sé que debo hacerlo, pero en realidad tengo miedo de no hacerlo bien, o de que no me guste hacerlo. Por lo tanto, me diré a mi mismo que lo haré en el futuro, y por lo tanto, no tendré que admitir que no voy a hacerlo. De esta manera me resulta más fácil aceptarme a mí mismo.
Wayne W.Dyer, Tus zonas erróneas.

Hay que ser coherentes, mirar con valentía hacia nuestro pasado, y dejar caer al suelo nuestros “chismes” del engaño. Ya sea para encontrar motivación para trabajar o para cualquier otra cosa, posponer y posponer solo nos sirve para vivir con el peso de la culpa. ¿No te has sentido miserable cientos de veces por no hacer todo aquello que habías planeado? ¿Cuantas veces te has tirado de los pelos al pensar en la cantidad de tiempo que has desperdiciado en cosas superfluas y sin importancia?

10 consejos para dejar de posponer

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Recuerda tus logros obligados

Recuerda aquellos momentos en los que quisiste posponer pero no pudiste porque estabas obligado a hacerlo, y al final, aunque te costara motivarte, lo hiciste y acabaste haciendo un gran trabajo. A mi me ha ocurrido cientos de veces, incluso en situaciones en las que estada realmente cansado y desmotivado. Y es que en muchas ocasiones, las obligaciones, exigencias o dificultades sacan a relucir la explosión de nuestros mayores niveles de talento. 

No lo pienses demasiado, simplemente arranca

Muchas veces los que nos pasa es que nos cuesta arrancar. A partir de ahora, piensa un instante en lo mal que te has sentido otras veces por postergar y no acabar haciendo lo que necesitabas y antes de dejarlo para otro momento, ponte a hacerlo durante 5 o 10 minutos. Verás como los próximos 30 o 60 minutos no son tan duros como te imaginabas. Notarás que la ansiedad que sentías se acaba disipando conforme actúas, y la satisfacción de no haber postergado tu tarea te subirá el ánimo y te entusiasmará a seguir con mayor fuerza.

Identifica tus excusas habituales

Ahora estoy demasiado cansado, mañana estaré más activo. No me apetece ahora mismo, luego me pongo. Necesito un despejarme, tengo tiempo para hacerlo más adelante. Para qué voy a hacerlo ya, de todas formas nadie lo va a valorar, ya lo haré a última hora. Me sobra tiempo, ya lo haré. No estoy de humor para eso. Si es necesario, utiliza un diario o abre un documento de notas en tu móvil y ve apuntando constantemente las excusas que vayas usando para posponer. Así podrás tenerlas identificadas para reflexionar sobre ellas y destruir las que sean falsas (la mayoría lo son).

Planifica estrategias

Haz una lista de las cosas que tienes que hacer y que sueles posponer, y organiza en tu calendario la fecha y la hora exacta para realizarlas. Lo mismo puedes hacerlo durante el día, organizando tus tareas por horas y cantidad de trabajo. Intenta ser realista.

Alimenta hábitos constanes

Relacionado con el consejo anterior, puedes planificar hábitos con tareas que antes posponías. Por ejemplo, yo valoro mucho el hábito de la lectura, por lo que suelo obligarme a leer al menos 30 minutos al día antes de dormir. Obviamente, hay días que leo durante horas en cualquier momento, y quizá me salte esos 30 minutos del final del día. Pero si no he leído, esos 30 minutos finales no fallan, por muy cansado que esté. Identifica en que momento puedes hacer eso que deberías hacer todos los días y que siempre pospones, y sitúalo como una obligación que te autoimpones para tu propio beneficio. Al cabo de un tiempo se transformará en hábito y disfrutarás más haciéndolo.

Si es por miedo, ¡hazlo ya!

A veces el motivo de posponer las cosas es que tenemos miedo de realizarlas mal, o que fruto de ese mal resultado, puedan pasarnos cosas que no deseamos. ¡Sé valiente! Relájate durante unos minutos, y reflexiona como si te observaras a ti mismo desde fuera. Puedes hacerlo como si estuvieses viendo una película. Entonces, valora con conciencia lo preparado que estás para realizar tu tarea, y visualízate lanzándote y obteniendo un gran resultado. Después, ¡abre los ojos y lánzate!

Decide no aburrirte

Posponer suele ser un fruto que cae de los árboles del aburrimiento. Tener tiempo ocioso o poco exigente a nivel cognitivo alimenta nuestra vagancia. Muchas veces se ha dicho que aquél que más trabaja, más activo está en lugar de más cansado. Esto se debe en gran parte a una mayor liberación de cortisol por parte de nuestro organismo. Exigirse a uno mismo el máximo rendimiento es un gran remedio contra el aburrimiento. Por ejemplo, si estás en una charla y te cuesta mantener la atención, piensa en que podrías preguntar o que opinión propia puedes aportar al grupo. Esto le ocurre mucho a los estudiantes, donde los más participativos en las clases suelen ser los que más se divierten en ellas. Busca siempre la mayor diversión y exigencia en todo lo que hagas, y sustituye en tu mente los “debo hacer” por los “deseo hacer”.

Visualiza tu futuro con dos caras

Piensa en un fecha límite exacta. Por ejemplo, dentro de 10 años. Entonces imagínate a ti mismo pasados esos 10 años. Por un lado, imaginando que habrías conseguido si no hubieses sido constante y perseverante, y hubieses postergado día tras día esas acciones que tú mismo sabes que quieres y debes hacer (tú eres quien las ha elegido como buenas y apropiadas para ti). Ahora, por el otro lado, imagina lo que has conseguido no habiendo postergado esas acciones, y como cada uno de tus actos te ha llevado a cumplir gran parte de tus ilusiones en todos los ámbitos de tu vida. Concéntrate en estas dos caras, y reflexiona a cuál quieres parecerte.

Evita la inacción del perfeccionista

Más vale intentar hacer algo y hacerlo mal o regular, que vivir esclavo de la falacia. No te engañes, el perfeccionismo a menudo solo es miedo disfrazado de poesía para quedar mejor. Es la excusa preferida del cobarde. ¡Ten el coraje y la confianza del que no tema navegar a la deriva! Actúa aún sin estar seguro de que si lo está haciendo bien o mal, pues solo los necios esperan la seguridad de la perfección sin la acción. El verdadero artista sabe que solo en movimiento la creatividad nace y se hace, y el experto es experto por sus horas de experiencia en la batalla.

El cansancio solo existe a la hora de dormir

Nuestra mente tiene el poder de crear túneles que atraviesan grandes montañas, e incluso grandes naves de metal que surcan los cielos de país en país. Y si es capaz de hacer estas cosas, también es capaz de ignorar ese cansancio sano del trabajo bajo la actitud de lucha y superación de nuestro orgullo. Duerme tus 7 o 8 horas al día de descanso recomendado, y no vuelvas a caer en la excusa más usada. Si se te pasa por la cabeza, únicamente piensa: ¡La hora de dormir todavía no ha llegado! ¡Mis sueños me esperan, y yo soy un impaciente!

#FilosofíaGL #DavidJungle

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Sobre El Autor

Escribo e imparto cursos sobre desarrollo personal desde el año 2012. Mis ramas de actuación son la comunicación, la seducción, la inteligencia emocional y la meditación. Soy Graduado en Marketing y Administración, y actualmente estudio diseño de moda. Mi sueño es seguir mejorando mi vida día a día mientras intento influir en otros para mejorar la suya. Más en mi web: http://bravejungle.com

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